domingo, 13 de noviembre de 2011

Homenaje a mi Padre: Tomás Antonio Ruiz

Nota biográfica para mi emprendedor preferido
 
Guillerma- Guá!, ¡Tomás deja ese caballo tranquilo!
Tomás- Guá maíta es que tiene mucha garrapata pue’…

Transcurría la vida en el caserío de Paparo en Barlovento, un pueblo cuyo origen fue una encomienda colonial, y que sería comparado jocosamente con Macondo, por los que muchos años más tarde seriamos los hijos de ese niño Tomás, curioso y disciplinado que siempre le hacía caso a lo que mamá le decía, pero que también se aseguraba que su caballo no tuviera ni una garrapata. No terminó el sexto grado pues era necesario producir dinero para ayudar a mantener a sus hermanos, Berta, José Antonio y Victoria. Evitaba cuando podía el trabajo por jornada, la vieja Guille le enseñó que trabajara por negocio  haciendo el triple de la producción de los jornaleros. Cortando caña, cargando sacos de arroz o sacando plátano con frecuencia madre e hijo trabajaban juntos. Ella fumando con la “candela pa’dentro”, él con una energía y determinación que le ganarían el apodo de "foforito” ya que su laboriosidad venia acompañada de un carácter combativo y alegre a la vez, combinación extraña para su baja estatura y contextura delgada. En resumen se daba de trompadas con cualquiera que lo criticara por trabajar de más. Así sin importar el tamaño del adversario, fuese hombre o problema, fue construyendo también los valores que nos legaría…

Si tú quieres que te paguen más, trabaja más y mejor antes de obtenerlo.
Hay que prepararse  para producir
Trabajo mediante todo es posible
Hay que tener seriedad y delicadeza! Para todo!

En el 43 se fue para Caracas porque la cosa estaba muy difícil en Barlovento, la transición por el cambio de economía agrícola a petrolera, afectó por aquellos años a la otrora pueblerina Venezuela. La gente tenía que emigrar y Tomás fue el primero de la familia Ruiz en dejar el tranquilo pueblo donde no pasaba otra cosa que el perro  por la puerta,  para vivir en la casa de la señora Blanca, Nro 57 de Junín a Pescador. Trabajó como aprendiz en la construcción de la ya para entonces adelantada Universidad central de Venezuela. Aprendió rápido diversos oficios: carpintería, albañilería, enfermero, ayudante de cocina.  En aquellos días se trabajaba de sol a sol y el olfato que le enseñara su madre lo llevó a detectar oportunidades. Era bueno para la carpintería y los números, comentaban los maestros de obra y lo colocaban en puestos de responsabilidad creciente. Un italiano se lo llevó a trabajar en la construcción del Hospital Universitario porque hacían falta carpinteros para vaciar las estructuras de concreto. De allí, a los pilotes de la ampliación del Puerto de La Guaira, viajó mucho porque en aquellos días Venezuela era un hervidero de progreso y cosas inéditas. La radio, la televisión y el cine trasmitían usos y modelos a seguir. Lola Chataing trajo el amor a su vida y la semejanza de que tal como él, era la mayor de la camada que también tenía que ayudar mantener. 

 Corrían los años de la dictadura Perezjimenista y un anónimo lo acusó de ser enemigo del régimen, lo que le valió un pasaje en buque por el Orinoco al campo de concentración de la S.N. ubicado la isla de Guasina. Allí tuvo que emplearse a fondo con todas  sus habilidades para sobrevivir y ayudar a otros a hacer lo mismo. Salió de aquel infierno gracias también a la determinación de su madre y de su esposa, Lolita habló en persona con el Dictador y logró la orden para que la Seguridad Nacional diera por infundada la denuncia.

Enseguida, después de su liberación llegaríamos los Ruiz Chataing uno tras otro: Dirna del Rosario, Deisy de Jesús, David Antonio, Dilfredo Antonio, Douglas Antonio y Dania Guillermina. Se empeñó Tomás entonces en uno de sus sueños más anhelados, su casa propia que ya tenía en su mente el nombre de Villa Las “D”.  El compromiso con sus sueños le llevó a buscar oportunidades de negocio rentables, compartidas con un empleo en el hipódromo la Rinconada que le permitieron construir en 10 años un bienestar financiero con el que pudo ayudar a muchísimas personas, tantas como alcanzaba su generosidad. Amigos, hermanos, sobrinos, allegados y personas que le prestaban algún servicio pueden dar cuenta hoy de su desprendimiento, y es que como aprendió a dar cuando no tenía, la riqueza amplificó sus virtudes. 

Sabía cómo crear momentos, cuando llegó el de mudarnos de un apartamento en la Urbanización la Vega, donde cohabitábamos tres familias, a Villa las D en la Urbanización Artigas. No escatimó en detalles, la casa estaba llena de juguetes y bombas de colores; los cuartos impecables. El pick up importado, marca alemana Telefunken, a todo volumen con el mosaico Nro 3 de la orquesta Billo's Caracas Boys. Los Diciembres en Paparo eran un acontecimiento, se iba con nosotros en su camioneta ranchera del año, llena de juguetes y alimentos para repartirlos en la calle principal de Paparo. Los niños hacían fila para recibir al San Nicolás del pueblo, mientras los adultos que se sabían apreciados, esperaban en sus casas a sus niños que llegarían con un juguete y algo para ayudar en la noche de Navidad.

Es por toda su historia que hoy le declaro mi emprendedor preferido. Su legado: amplio y profundo en buenas obras para todos los que le conocieron. Aún quienes en algún momento le adversaron, hablan de él hoy con el mayor respeto. Una penosa enfermedad, fue mermando sus energías; la vida se le fue acabando poquito a poco, tal vez se aferró a ella para completar su obra, que su familia se mantenga unida y que den fe de su ejemplo. Lúcido hasta expirar, aquel espíritu aguerrido y alegre vuelve a pasar el rio de Paparo el 11 del mes 11 del año 11 con las alpargatas al hombro para mantenerlas impecables, lo espera el aullido de los araguatos del pasado, y con la algarabía de un coro de guacharacas y pajaritos; se va confundiendo  la voz ronca que nos dice a todos: Guá…Ojo pelao, mucha malicia! Y que Dios me los acompañe… 

Seguramente Uds. apreciados lectores, inadvertidos de su participación en esta despedida, me acompañarán con un caluroso: Amén.

Nota: Si conociste a Tomas Antonio Ruiz y tienes una anécdota que contar de él, por favor inclúyela en un comentario escrito. Al final de los artículos de este blog encontrarás el formulario para enviar tu mensaje.